Una mirada desde los Derechos Humanos, las instituciones y la economía
Por: Ayaleidy Velandia. Alfonso Soriano y Jaime Alberto Rojas R.
Nicaragua terminó el siglo XIX e inició el XX con formas de gobiernos dictatoriales. El 1893, una revolución puso en el poder al liberal José Santos Zelaya, quien gobernó durante los siguientes 16 años, hasta cuando fue derrocado en 1909. Dos años estuvo el Estado en el limbo, hasta cuando asumió Adolfo Díaz, con el beneplácito y apoyo de los Estados Unidos, quienes aprovecharon e intervinieron en el país en 1912, con el envío de un contingente de marines. Posteriormente, con el pago a Nicaragua de tres millones de dólares, Estados Unidos, se abrogó el derecho de construir un canal interoceánico, arrendar unas islas y montar una base militar. Esto llenó de ira no solo a los nicaragüenses, sino también a los centroamericanos, lo cual redundó en la formación de una guerrilla que logró sacar a los gringos del país en 1925 y producir revueltas en contra el presidente Díaz, lo cual obligo a las tropas estadounidenses a intervenir de nuevo y luchar contra esta guerrilla que era comandada por Augusto César Sandino[1].
La era de los Somoza
En 1928 fue elegido presidente José María Moncada y en 1933 se retiraron de nuevo las tropas estadounidenses, dejando como encargado del ejercito nicaragüense a Anastasio Somoza (padre), quien aprovechando su rango mandó asesinar al jefe guerrillero Sandino en 1934. Anastasio Somoza fue elegido presidente en el año de 1937, iniciando una de las más crueles dinastías dictatoriales de América Latina. Gobernó durante 20 años, hasta cuando fue Asesinado en 1956[2]. Su hijo, Luis Somoza Debayle lo sucedió en el cargo por el tiempo que le faltó a su padre y un año más tarde se alzó con el triunfo en las elecciones presidenciales.
Entre 1967 y 1979, gobernó Anastasio Somoza Debayle, cerrando el ciclo de dictadores de apellido Somoza que había sacudido a Nicaragua desde 1934.
Veinte días antes de morir, un grupo de periodista de la Revista Gente de Argentina[3] entrevistaron al dictador en su lujosa mansión de Asunción, Paraguay. A continuación un fragmento de ese dialogo con Anastasio Somoza Debayle, sobre la democracia:
Martha Colmenares (MC): Señor Somoza ¿usted se definiría como un hombre democrático?
Anastasio Somoza Debayle (ASD): - Totalmente. Lo que pasa es que me cargaron la mano con una serie de mentiras que a cualquier persona con ideario democrático le caerían nefastas. Y empezaron a detestar a los Somoza. ¿Me explico?
(MC): - ¿Me puede dar usted una definición de democracia?
(ASD): - Cómo no. El pueblo indígena de Nicaragua es verdaderamente democrático. Ellos eligen a sus jefes. Nicaragua siempre ha ido a una elección, entonces, si tomamos que el voto del pueblo es el que hace a los líderes, entonces esa gente es democrática.
(MC): - ¿Para usted una democracia se define sólo por elecciones?
(ASD): - No. Allí comienza la esencia. Después están las leyes, el cumplimiento de las leyes, ¿verdad? Y luego todas las garantías que se le pueden dar a la ciudadanía. Yo fui y soy un demócrata. Y cada vez que yo decía esto a un izquierdista, pegaban el salto y se reían de lo lindo. Primero, se reían los periodistas. Después, Gabriel García Márquez, el escritor que se atrevió a mandarme un telegrama vulgar porque aprehendimos a una mujer que era prófuga. La verdad es que los gobiernos en Nicaragua fueron electos popularmente, no fueron digamos, el resultado de golpes de Estado. Siempre se tuvo gabinete de civiles, al contrario de lo que ocurre en los gobiernos militares.
(MC): No siempre los gobiernos civiles electos son sinónimos de democracia, ni los gobiernos militares, sinónimos de dictadura.
(ASD): - Yo creo que si un gobierno civil es electo por el pueblo es sinónimo de democracia.
(MC): - Pero no garantía de democracia
(ASD):- No, claro que no. Pero más allá de eso, lo importante es hacerle comprender al ciudadano que la izquierda está muy organizada, enraizada con su fuente que es Moscú. Muchos no quieren darse cuenta de eso. Al parecer después de gobiernos dictatoriales como el suyo, y de muy larga permanencia en el poder, sobrevienen siempre reacciones extremas, desesperadas, como la que vive hoy en Nicaragua...
La democracia vs. dictadura en Nicaragua
Señala el Informe de Desarrollo Humano de 2002 que “la democracia no solo es un valor en sí mismo, sino un medio necesario para el desarrollo”[4]. Si se toma esta consideración para Nicaragua, tendremos que decir que durante más de 40 años, por parte de la familia Somoza y nueve por parte del presidente Santos Zelaya, ni el valor de la democracia y menos el desarrollo, se vieron durante todo este tiempo en ese país centroamericano.
La dictadura “ese un tipo de régimen político o tipo de gobierno que se caracteriza por el poder absoluto del gobernante, al igual que por la violación del derecho y de los derechos...[5] se ensañó contra el pueblo nicaragüense durante mucho tiempo
Se dice también que “la dictadura constituye la principal patología del poder político y una de las causas más frecuentes de conculcación de las libertades fundamentales”; patología que sufrió Nicaragua por espacio de tantos años de régimen autoritario a cargo de los Somoza y que le representó un atraso económico, como lo veremos más adelante, y atrasos en su desarrollo histórico como se representa en el cuadro resumen del inicio de este trabajo y que se puede sintetizar como que “las grandes catástrofes humanitarias del siglo XX
fueron provocadas por regímenes dictatoriales...”
Derechos Humanos y dictadura
En el año de 1977 un grupo de personas y empresas de Nicaragua, apoyados por políticos y empresarios de distintos países de América Latino, suscribió una misiva al recién posesionado Presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter:
“Ante el cambio de gobierno en los Estados Unidos de América, hemos resuelto dirigir a Ud., esta comunicación para llamar su atención sobre el agobiante caso de Nicaragua, un país que padece desde hace cuarenta años la tiranía inmoral e inhumana de la familia Somoza.
Estamos convencidos, por supuesto, de que será el propio pueblo de Nicaragua quien pondrá fin a semejante dictadura, pero si nos dirigimos a Ud. es porque a lo largo de esos cuarenta años, los gobiernos de Estados Unidos la han patrocinado irrestrictamente, dándole apoyo político, económico y militar, y esos gobiernos son responsables del enriquecimiento escandaloso de los miembros de la familia Somoza; de la represión indiscriminada contra los ciudadanos; y de las probadas violaciones contra los derechos humanos; asesinatos, torturas, encarcelamientos, que se cometen a diario...[6]
Los remitentes, ponían a consideración del presidente estadounidense a través de esta comunicación, la permanente violación contra los Derechos Humanos en el país centroamericano, haciendo que el pueblo se empobreciera cada vez más mientras que los miembros de la familia Somoza crecía y crecía y crecía, adueñándose de múltiples empresas del país:
“El capital de la familia Somoza ha crecido en los últimos veinte años en forma increíble, y mucho más después del terremoto que destruyó la capital de Nicaragua en diciembre de 1972, pues la ayuda internacional aportada por instituciones internacionales y gobiernos como el de Estados Unidos para la reconstrucción, sólo sirvió para el provecho propio de sus miembros. La familia Somoza es dueña ahora de la industria de los metales, de los plásticos
industriales, concreto, aluminio; controla bancos, empresas financieras, la urbanización de terrenos y venta de casas construidas con fondos del BID y la USAID; posee cadenas de hoteles, empresas de seguros, publicidad, televisión y radio; maneja la producción y exportación de la carne, de la pesca marina; es dueña de plantas productoras de leche, y de fábricas de fertilizantes e insecticidas, además de manejar el transporte urbano, los oleoductos, un puerto que se llama Puerto Somoza, pero también los casinos de juego y night-clubs, y una firma que compra la sangre a la gente miserable del país y la exporta con fabulosas ganancias...[7]
Corrupción y violación de los derechos humanos fueron el pan de cada día en el régimen somozista:
“Si la corrupción es una de los bases del régimen, la violación de los derechos humanos es la otra. Las manifestaciones de inconformidad de los ciudadanos son reprimidos de la manera más brutal, dentro de un clima permanente de persecución y terror. Nicaragua vive sujeta a un régimen de Ley Marcial, y están suspensas las garantías individuales; no existe la libertad de asociación política ni sindical, ni la libertad de prensa. Funciona una Corte Marcial para juzgar a los ciudadanos, y son graves las limitaciones para ejercer el derecho de defensa ante esa Corte. Los prisioneros han dado a sus abogados testimonio de las más brutales torturas de que han sido víctimas...[8]
La propuesta y solicitud presentadas al presidente Carter, fueron tímidas y débiles política y argumentalmente:
“Sería saludable que el futuro gobierno de los Estados Unidos examinara cuidadosamente la pasada política de apoyo irrestricto a la dictadura de Nicaragua; Ud. ha expresado que luchará por una observancia rigurosa de los derechos humanos, y Nicaragua es un caso que merece urgente consideración. Que su gobierno no preste apoyo ni diplomático, ni político, ni militar, ni financiero a la familia Somoza; haga Ud. uso de las leyes de Estados Unidos que prohíben brindar asistencia militar a aquellos países donde los ejércitos ejercen funciones de policía, y funciones políticas, como en Nicaragua; impida Ud. que los fondos aportados por el pueblo norteamericano para el desarrollo de otras naciones, sean canalizadas hacia las cuentas bancarias personales del presidente Somoza y sus familiares...[9]
Las razones por las cuales los Somoza duraron tanto en el poder, tienen tiene su respuesta en la fidelidad de la Guaria Nacional; un cuerpo conformado por los propios Estados Unidos mediante convenio. “Habiendo sido estructurada como un cuerpo de ocupación y dotada con altos mandos formados en West Point y otras academias militares estadounidenses, la función específica de la Guardia, -que en el año de 1978contaba con 7.500 hombres, y que es dirigida por el propio dictador, es, y ha sido siempre, reprimir todo signo de oposición al régimen. Para lo cual dispone de bandas paramilitares paralelas y de batallones adiestrados en las bases norteamericanas de Panamá y con Centros de Entrenamientos dirigidos por instructores estadounidenses.[10]
Las instituciones en la democracia nicaragüense
“Hay, no obstante, que ser fuerte:
Pasar todo precipicio
y ser vencedor del vicio,
de la locura y la muerte”.
(NO OBSTANTE,
Cantos de la Vida y esperanza
Ruben Dario)
Consideramos importante hacer ciertas precisiones en cuanto a alguna fechas y hechos que han configurado paulatinamente, la política y las instituciones Nicaragüenses. Los datos aquí presentados, hacen alusión al siglo XX.
1916
Entró en vigor el Tratado Bryan-Chamorro, acuerdo por el que Estados Unidos obtuvo el derecho a construir un canal a través del país desde el océano Atlántico hasta el océano Pacífico, tomar en arrendamiento las islas del Maíz y establecer una base naval en el golfo de Fonseca, todo ello a cambio del pago de 3 millones de dólares.
Dicha situación hace que se forme una guerrilla de oposición convirtiendo a Augusto César Sandino en su líder; el cual enfrenta rigurosamente la presencia de marines en tierra nicaragüense.
1933
Los marines norteamericanos se retiran, dejando a la presidencia al Señor Anastasio Somoza. Y con el cual se inicia la dictadura de los Somoza, situación donde el poder se heredo y lo cual hizo que el país callera en una situación de tensión política, social y económica muy difícil.
1934
Muere de Augusto César Sandino, a manos de un comandante de la Guardia Nacional, acción ordenada por el presidente Somoza.
1956
El presidente Anastasio Somoza fue asesinado. Su hijo, Luis Somoza Debayle, le sustituyó en el cargo y un año después venció en las elecciones y ocupó el ejecutivo.
1962
Se forma el grupo de oposición guerrillera llamado “Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), llamado así en memoria de Augusto César Sandino.
1972
Managua destruida por un gran terremoto.
1978
Asesinan a Pedro Joaquín Chamorro, editor del diario La Prensa de Managua, el presidente fue acusado de complicidad en ese hecho y el país entró en un periodo de violencia generalizada que desembocó en una verdadera guerra civil.
1979
Somoza abandonó el país, instalándose primero en Miami (Florida) y después en Asunción, Paraguay, donde fue asesinado en 1980.
1980
Los sandinistas nombraron un Gobierno de Reconstrucción Nacional para dirigir el país, apoyado inicialmente por los norteamericanos, pero pronto se opuso a su política izquierdista que había nacionalizado la banca y pretendía llevar a cabo una profunda reforma agraria.
1981
el gobierno de Ronald Reagan inició el bloqueo económico del país, donde se financio a grupos armados antisandinistas, la denominada contra nicaragüense.
1982
Radicalización del régimen sandinista, firmando un pacto de ayuda con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Se inició así una nueva guerra civil que provocó numerosas muertes. La contra, operando con la asistencia de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
1984
el candidato del FSLN a la presidencia, Daniel Ortega Saavedra, ganó por un amplio margen de votos
1988
Durante la primera conversación para llegar a un acuerdo de paz, la contra y los sandinistas aceptaron una tregua.
1990
Celebraron elecciones generales bajo la supervisión de observadores internacionales. La coalición antisandinista apoyada por Estados Unidos, la Unión Nacional Opositora (UNO), ganó la mayoría en la Asamblea Nacional y Violeta Barrios de Chamorro, viuda de Pedro Joaquín Chamorro, fue elegida presidenta, sustituyendo a Daniel Ortega.
Se dice que a partir de esta fecha la Democracia, comienza a configurarse en una realidad; realidad que no ha sido posible palpar por las diferente trabas que ha encontrado en el camino; muchos analista plantean que solo la democracia será posible vivirla cuando la corrupción y los demás vicios del poder desaparezcan.
Dicho por Danilo Aguirre S. “En Nicaragua, la justificación que dan los políticos específicamente, los liberales del PLC y los sandinistas del FSLN, a la partidarización de las instituciones, es la de que así tiene que ser porque ellas son políticas por naturaleza. Y por lo tanto, dicen, las personas escogidas para los cargos estatales tienen que ser políticos militantes y personas fieles a los caudillos y cúpulas partidistas.”
Los representantes de la Unión Europea subraya su preocupación por “la falta de un nivel adecuado de independencia de las principales instituciones del Estado, concretamente la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral y la Contraloría, respecto de la influencia de los partidos políticos”. Y advierten que esta situación pone en riesgo las posibilidades de seguir ayudando a Nicaragua.
Aguirre, dice que: “, lo que más preocupa de esta situación no es que haya conflictos políticos, porque éstos son inevitables y además indispensables para el desarrollo de la sociedad y la democracia. Lo verdaderamente preocupante es que las instituciones sean subordinadas a los intereses de políticos autoritarios y corruptos.
La invitación que hace Danilo Aguirre, para que la democracia sea mas que un sueño es que los políticos tradicionales, autoritarios y corruptos tales como Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, que representan el pasado y son un obstáculo a la modernización de Nicaragua. Deben hacerse a un lado ya que frenan e impiden la solución de los problemas institucionales del país, así como su desarrollo económico, social, cultural moral.
Es indispensable y urgente hacer reformas institucionales que garanticen, por ejemplo, la formación de un Poder Judicial independiente, con magistrados y jueces imparciales, capacitados e íntegros, y por lo tanto socialmente respetados.
Esa situación deja entrever no solo la necesidad que tiene Nicaragua sino todo el continente latinoamericano por, crear autonomía en sus instituciones políticas, potenciar la sociedad civil y fundamentar todo accionar política en la ética y los derechos humanos.
La economía en la democracia nicaragüense
Por: Ayaleidy Velandia. Alfonso Soriano y Jaime Alberto Rojas R.
Nicaragua terminó el siglo XIX e inició el XX con formas de gobiernos dictatoriales. El 1893, una revolución puso en el poder al liberal José Santos Zelaya, quien gobernó durante los siguientes 16 años, hasta cuando fue derrocado en 1909. Dos años estuvo el Estado en el limbo, hasta cuando asumió Adolfo Díaz, con el beneplácito y apoyo de los Estados Unidos, quienes aprovecharon e intervinieron en el país en 1912, con el envío de un contingente de marines. Posteriormente, con el pago a Nicaragua de tres millones de dólares, Estados Unidos, se abrogó el derecho de construir un canal interoceánico, arrendar unas islas y montar una base militar. Esto llenó de ira no solo a los nicaragüenses, sino también a los centroamericanos, lo cual redundó en la formación de una guerrilla que logró sacar a los gringos del país en 1925 y producir revueltas en contra el presidente Díaz, lo cual obligo a las tropas estadounidenses a intervenir de nuevo y luchar contra esta guerrilla que era comandada por Augusto César Sandino[1].
La era de los Somoza
En 1928 fue elegido presidente José María Moncada y en 1933 se retiraron de nuevo las tropas estadounidenses, dejando como encargado del ejercito nicaragüense a Anastasio Somoza (padre), quien aprovechando su rango mandó asesinar al jefe guerrillero Sandino en 1934. Anastasio Somoza fue elegido presidente en el año de 1937, iniciando una de las más crueles dinastías dictatoriales de América Latina. Gobernó durante 20 años, hasta cuando fue Asesinado en 1956[2]. Su hijo, Luis Somoza Debayle lo sucedió en el cargo por el tiempo que le faltó a su padre y un año más tarde se alzó con el triunfo en las elecciones presidenciales.
Entre 1967 y 1979, gobernó Anastasio Somoza Debayle, cerrando el ciclo de dictadores de apellido Somoza que había sacudido a Nicaragua desde 1934.
Veinte días antes de morir, un grupo de periodista de la Revista Gente de Argentina[3] entrevistaron al dictador en su lujosa mansión de Asunción, Paraguay. A continuación un fragmento de ese dialogo con Anastasio Somoza Debayle, sobre la democracia:
Martha Colmenares (MC): Señor Somoza ¿usted se definiría como un hombre democrático?
Anastasio Somoza Debayle (ASD): - Totalmente. Lo que pasa es que me cargaron la mano con una serie de mentiras que a cualquier persona con ideario democrático le caerían nefastas. Y empezaron a detestar a los Somoza. ¿Me explico?
(MC): - ¿Me puede dar usted una definición de democracia?
(ASD): - Cómo no. El pueblo indígena de Nicaragua es verdaderamente democrático. Ellos eligen a sus jefes. Nicaragua siempre ha ido a una elección, entonces, si tomamos que el voto del pueblo es el que hace a los líderes, entonces esa gente es democrática.
(MC): - ¿Para usted una democracia se define sólo por elecciones?
(ASD): - No. Allí comienza la esencia. Después están las leyes, el cumplimiento de las leyes, ¿verdad? Y luego todas las garantías que se le pueden dar a la ciudadanía. Yo fui y soy un demócrata. Y cada vez que yo decía esto a un izquierdista, pegaban el salto y se reían de lo lindo. Primero, se reían los periodistas. Después, Gabriel García Márquez, el escritor que se atrevió a mandarme un telegrama vulgar porque aprehendimos a una mujer que era prófuga. La verdad es que los gobiernos en Nicaragua fueron electos popularmente, no fueron digamos, el resultado de golpes de Estado. Siempre se tuvo gabinete de civiles, al contrario de lo que ocurre en los gobiernos militares.
(MC): No siempre los gobiernos civiles electos son sinónimos de democracia, ni los gobiernos militares, sinónimos de dictadura.
(ASD): - Yo creo que si un gobierno civil es electo por el pueblo es sinónimo de democracia.
(MC): - Pero no garantía de democracia
(ASD):- No, claro que no. Pero más allá de eso, lo importante es hacerle comprender al ciudadano que la izquierda está muy organizada, enraizada con su fuente que es Moscú. Muchos no quieren darse cuenta de eso. Al parecer después de gobiernos dictatoriales como el suyo, y de muy larga permanencia en el poder, sobrevienen siempre reacciones extremas, desesperadas, como la que vive hoy en Nicaragua...
La democracia vs. dictadura en Nicaragua
Señala el Informe de Desarrollo Humano de 2002 que “la democracia no solo es un valor en sí mismo, sino un medio necesario para el desarrollo”[4]. Si se toma esta consideración para Nicaragua, tendremos que decir que durante más de 40 años, por parte de la familia Somoza y nueve por parte del presidente Santos Zelaya, ni el valor de la democracia y menos el desarrollo, se vieron durante todo este tiempo en ese país centroamericano.
La dictadura “ese un tipo de régimen político o tipo de gobierno que se caracteriza por el poder absoluto del gobernante, al igual que por la violación del derecho y de los derechos...[5] se ensañó contra el pueblo nicaragüense durante mucho tiempo
Se dice también que “la dictadura constituye la principal patología del poder político y una de las causas más frecuentes de conculcación de las libertades fundamentales”; patología que sufrió Nicaragua por espacio de tantos años de régimen autoritario a cargo de los Somoza y que le representó un atraso económico, como lo veremos más adelante, y atrasos en su desarrollo histórico como se representa en el cuadro resumen del inicio de este trabajo y que se puede sintetizar como que “las grandes catástrofes humanitarias del siglo XX
fueron provocadas por regímenes dictatoriales...”
Derechos Humanos y dictadura
En el año de 1977 un grupo de personas y empresas de Nicaragua, apoyados por políticos y empresarios de distintos países de América Latino, suscribió una misiva al recién posesionado Presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter:
“Ante el cambio de gobierno en los Estados Unidos de América, hemos resuelto dirigir a Ud., esta comunicación para llamar su atención sobre el agobiante caso de Nicaragua, un país que padece desde hace cuarenta años la tiranía inmoral e inhumana de la familia Somoza.
Estamos convencidos, por supuesto, de que será el propio pueblo de Nicaragua quien pondrá fin a semejante dictadura, pero si nos dirigimos a Ud. es porque a lo largo de esos cuarenta años, los gobiernos de Estados Unidos la han patrocinado irrestrictamente, dándole apoyo político, económico y militar, y esos gobiernos son responsables del enriquecimiento escandaloso de los miembros de la familia Somoza; de la represión indiscriminada contra los ciudadanos; y de las probadas violaciones contra los derechos humanos; asesinatos, torturas, encarcelamientos, que se cometen a diario...[6]
Los remitentes, ponían a consideración del presidente estadounidense a través de esta comunicación, la permanente violación contra los Derechos Humanos en el país centroamericano, haciendo que el pueblo se empobreciera cada vez más mientras que los miembros de la familia Somoza crecía y crecía y crecía, adueñándose de múltiples empresas del país:
“El capital de la familia Somoza ha crecido en los últimos veinte años en forma increíble, y mucho más después del terremoto que destruyó la capital de Nicaragua en diciembre de 1972, pues la ayuda internacional aportada por instituciones internacionales y gobiernos como el de Estados Unidos para la reconstrucción, sólo sirvió para el provecho propio de sus miembros. La familia Somoza es dueña ahora de la industria de los metales, de los plásticos
industriales, concreto, aluminio; controla bancos, empresas financieras, la urbanización de terrenos y venta de casas construidas con fondos del BID y la USAID; posee cadenas de hoteles, empresas de seguros, publicidad, televisión y radio; maneja la producción y exportación de la carne, de la pesca marina; es dueña de plantas productoras de leche, y de fábricas de fertilizantes e insecticidas, además de manejar el transporte urbano, los oleoductos, un puerto que se llama Puerto Somoza, pero también los casinos de juego y night-clubs, y una firma que compra la sangre a la gente miserable del país y la exporta con fabulosas ganancias...[7]
Corrupción y violación de los derechos humanos fueron el pan de cada día en el régimen somozista:
“Si la corrupción es una de los bases del régimen, la violación de los derechos humanos es la otra. Las manifestaciones de inconformidad de los ciudadanos son reprimidos de la manera más brutal, dentro de un clima permanente de persecución y terror. Nicaragua vive sujeta a un régimen de Ley Marcial, y están suspensas las garantías individuales; no existe la libertad de asociación política ni sindical, ni la libertad de prensa. Funciona una Corte Marcial para juzgar a los ciudadanos, y son graves las limitaciones para ejercer el derecho de defensa ante esa Corte. Los prisioneros han dado a sus abogados testimonio de las más brutales torturas de que han sido víctimas...[8]
La propuesta y solicitud presentadas al presidente Carter, fueron tímidas y débiles política y argumentalmente:
“Sería saludable que el futuro gobierno de los Estados Unidos examinara cuidadosamente la pasada política de apoyo irrestricto a la dictadura de Nicaragua; Ud. ha expresado que luchará por una observancia rigurosa de los derechos humanos, y Nicaragua es un caso que merece urgente consideración. Que su gobierno no preste apoyo ni diplomático, ni político, ni militar, ni financiero a la familia Somoza; haga Ud. uso de las leyes de Estados Unidos que prohíben brindar asistencia militar a aquellos países donde los ejércitos ejercen funciones de policía, y funciones políticas, como en Nicaragua; impida Ud. que los fondos aportados por el pueblo norteamericano para el desarrollo de otras naciones, sean canalizadas hacia las cuentas bancarias personales del presidente Somoza y sus familiares...[9]
Las razones por las cuales los Somoza duraron tanto en el poder, tienen tiene su respuesta en la fidelidad de la Guaria Nacional; un cuerpo conformado por los propios Estados Unidos mediante convenio. “Habiendo sido estructurada como un cuerpo de ocupación y dotada con altos mandos formados en West Point y otras academias militares estadounidenses, la función específica de la Guardia, -que en el año de 1978contaba con 7.500 hombres, y que es dirigida por el propio dictador, es, y ha sido siempre, reprimir todo signo de oposición al régimen. Para lo cual dispone de bandas paramilitares paralelas y de batallones adiestrados en las bases norteamericanas de Panamá y con Centros de Entrenamientos dirigidos por instructores estadounidenses.[10]
Las instituciones en la democracia nicaragüense
“Hay, no obstante, que ser fuerte:
Pasar todo precipicio
y ser vencedor del vicio,
de la locura y la muerte”.
(NO OBSTANTE,
Cantos de la Vida y esperanza
Ruben Dario)
Consideramos importante hacer ciertas precisiones en cuanto a alguna fechas y hechos que han configurado paulatinamente, la política y las instituciones Nicaragüenses. Los datos aquí presentados, hacen alusión al siglo XX.
1916
Entró en vigor el Tratado Bryan-Chamorro, acuerdo por el que Estados Unidos obtuvo el derecho a construir un canal a través del país desde el océano Atlántico hasta el océano Pacífico, tomar en arrendamiento las islas del Maíz y establecer una base naval en el golfo de Fonseca, todo ello a cambio del pago de 3 millones de dólares.
Dicha situación hace que se forme una guerrilla de oposición convirtiendo a Augusto César Sandino en su líder; el cual enfrenta rigurosamente la presencia de marines en tierra nicaragüense.
1933
Los marines norteamericanos se retiran, dejando a la presidencia al Señor Anastasio Somoza. Y con el cual se inicia la dictadura de los Somoza, situación donde el poder se heredo y lo cual hizo que el país callera en una situación de tensión política, social y económica muy difícil.
1934
Muere de Augusto César Sandino, a manos de un comandante de la Guardia Nacional, acción ordenada por el presidente Somoza.
1956
El presidente Anastasio Somoza fue asesinado. Su hijo, Luis Somoza Debayle, le sustituyó en el cargo y un año después venció en las elecciones y ocupó el ejecutivo.
1962
Se forma el grupo de oposición guerrillera llamado “Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), llamado así en memoria de Augusto César Sandino.
1972
Managua destruida por un gran terremoto.
1978
Asesinan a Pedro Joaquín Chamorro, editor del diario La Prensa de Managua, el presidente fue acusado de complicidad en ese hecho y el país entró en un periodo de violencia generalizada que desembocó en una verdadera guerra civil.
1979
Somoza abandonó el país, instalándose primero en Miami (Florida) y después en Asunción, Paraguay, donde fue asesinado en 1980.
1980
Los sandinistas nombraron un Gobierno de Reconstrucción Nacional para dirigir el país, apoyado inicialmente por los norteamericanos, pero pronto se opuso a su política izquierdista que había nacionalizado la banca y pretendía llevar a cabo una profunda reforma agraria.
1981
el gobierno de Ronald Reagan inició el bloqueo económico del país, donde se financio a grupos armados antisandinistas, la denominada contra nicaragüense.
1982
Radicalización del régimen sandinista, firmando un pacto de ayuda con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Se inició así una nueva guerra civil que provocó numerosas muertes. La contra, operando con la asistencia de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
1984
el candidato del FSLN a la presidencia, Daniel Ortega Saavedra, ganó por un amplio margen de votos
1988
Durante la primera conversación para llegar a un acuerdo de paz, la contra y los sandinistas aceptaron una tregua.
1990
Celebraron elecciones generales bajo la supervisión de observadores internacionales. La coalición antisandinista apoyada por Estados Unidos, la Unión Nacional Opositora (UNO), ganó la mayoría en la Asamblea Nacional y Violeta Barrios de Chamorro, viuda de Pedro Joaquín Chamorro, fue elegida presidenta, sustituyendo a Daniel Ortega.
Se dice que a partir de esta fecha la Democracia, comienza a configurarse en una realidad; realidad que no ha sido posible palpar por las diferente trabas que ha encontrado en el camino; muchos analista plantean que solo la democracia será posible vivirla cuando la corrupción y los demás vicios del poder desaparezcan.
Dicho por Danilo Aguirre S. “En Nicaragua, la justificación que dan los políticos específicamente, los liberales del PLC y los sandinistas del FSLN, a la partidarización de las instituciones, es la de que así tiene que ser porque ellas son políticas por naturaleza. Y por lo tanto, dicen, las personas escogidas para los cargos estatales tienen que ser políticos militantes y personas fieles a los caudillos y cúpulas partidistas.”
Los representantes de la Unión Europea subraya su preocupación por “la falta de un nivel adecuado de independencia de las principales instituciones del Estado, concretamente la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral y la Contraloría, respecto de la influencia de los partidos políticos”. Y advierten que esta situación pone en riesgo las posibilidades de seguir ayudando a Nicaragua.
Aguirre, dice que: “, lo que más preocupa de esta situación no es que haya conflictos políticos, porque éstos son inevitables y además indispensables para el desarrollo de la sociedad y la democracia. Lo verdaderamente preocupante es que las instituciones sean subordinadas a los intereses de políticos autoritarios y corruptos.
La invitación que hace Danilo Aguirre, para que la democracia sea mas que un sueño es que los políticos tradicionales, autoritarios y corruptos tales como Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, que representan el pasado y son un obstáculo a la modernización de Nicaragua. Deben hacerse a un lado ya que frenan e impiden la solución de los problemas institucionales del país, así como su desarrollo económico, social, cultural moral.
Es indispensable y urgente hacer reformas institucionales que garanticen, por ejemplo, la formación de un Poder Judicial independiente, con magistrados y jueces imparciales, capacitados e íntegros, y por lo tanto socialmente respetados.
Esa situación deja entrever no solo la necesidad que tiene Nicaragua sino todo el continente latinoamericano por, crear autonomía en sus instituciones políticas, potenciar la sociedad civil y fundamentar todo accionar política en la ética y los derechos humanos.
La economía en la democracia nicaragüense
Los datos macroeconómicos que expulsa la nación nicaragüense diecinueve años después de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (en adelante FSLN) perdiera las elecciones y el pueblo nicaragüense se declinara de manera oficial por un modelo de estado democrático, ponen en duda la existencia de una verdadera democracia en el país centroamericano.
Pero vayamos por partes. El primer dato en sentido estricto que llama la atención es la alta participación en todas las elecciones generales desde Febrero de 1990. Como es sabido, la abstención en aquellos comicios sólo llegó al 18.92%. Sólo seis años después, para las siguientes elecciones generales, la abstención había ascendido al 27.40%. En las elecciones que llevaron al poder a Enrique Bolaños, este dato bajó hasta el 14% y en las elecciones que hace un par de años llevaron de nuevo al poder a Daniel Ortega, la abstención ascendió levemente hasta el 20.8%. Si bien las cifras muestran variaciones, no puede negarse la vocación sufragista del pueblo nicaragüense lo que, de alguna manera, es una manifestación clara de que Nicaragua participa de una cultura cívica democrática.
La evaluación que en 1990 hizo del gobierno sandinista el pueblo nicaragüense demostraba una clara voluntad de cambio. Los votantes no visionaban una mejora en sus condiciones de vida si continuaban con los mismos gobernantes. En dicha voluntad de cambio influyeron, en primer lugar, las cifras devastadoras de una década de violencia ininterrumpida entre el FSLN y la contra nicaragüense (en 1989, más de 60.000 personas habían sido víctimas del conflicto), y en segundo lugar, el estado de bancarrota económica en que se hallaba la nación, con índices del PIB negativos en los últimos cinco años, y una inflación que alcanzó el 35.000 por ciento en 1988. Las duras condiciones económicas que impuso el gobierno de Ortega en 1988 produjeron una desatención a las bases populares y desataron un fuerte desapego electoral de buena parte de la población más pobre del país (que siempre había estado con el FSLN).
Dahl ha señalado la ausencia de desigualdades económicas extremas como condición indispensable para el desarrollo de la democracia. La transición democrática en Nicaragua no ha supuesto una mejora sustancial de las grandes cifras económicas (las que permiten una corrección en la línea de mayor bienestar, dignidad y calidad de vida del ciudadano) respecto a las de la década de los ochenta.
Con la década de los 90 llegó la economía de corte neoliberal y la hora de las privatizaciones. Aproximadamente unas 350 empresas estatales productivas y de servicios pasaron a manos privadas, siendo lo más escandaloso que nunca se supiera claramente qué se hizo con el dinero resultante de las operaciones de venta. Los sucesivos gobiernos, uno tras otro, resolvieron vender todo el capital estatal público con la excusa de la posibilidad de no seguir recibiendo préstamos del FMI y del Banco Mundial si esa tendencia se alteraba. Con el tiempo, muchos de los sectores privatizados terminaron convirtiéndose en monopolios, con las consecuencias ya conocidas de subidas indiscriminadas de precios por parte de las empresas. Si bien las privatizaciones suelen, en algunos países, tener consecuencias positivas en la economía –sólo a largo plazo y cuando hay una excelente gestión empresarial-, en el caso de Nicaragua ha sido la falta absoluta de cualquier control lo que ha provocado la arbitrariedad en el manejo y eficiencia de estos sectores, creando un alto malestar en el pueblo nicaragüense.
Los datos de desempleo no son nada halagadores. Desde 1998, Nicaragua se ha convertido en un país exportador de mano de obra. La crisis económica no permite la asunción de sus ciudadanos en posición de laborar. En los años sesenta, sólo un 1.96% de los nicaragüenses dejaba su país para buscar una vida mejor en otro territorio. En los años ochenta, el porcentaje ascendió a un escueto 3.14%. El punto de inflexión se produce entre los años noventa y el cambio de milenio, cuando un porcentaje constante del 12.40% de la población nicaragüense opta por la emigración al exterior. Como resultado de este fenómeno, la recepción de divisas enviadas por los trabajadores nicaragüenses en el exterior se ha convertido en la principal fuente de riqueza en la nación. Según el Banco Central de Nicaragua, las remesas pasaron de 200 millones de dólares en 1998 a 655.5 millones de dólares en 2006, mostrando un crecimiento de 227.8% en este período (para colmo de la ingratitud, a los nicaragüenses que emigran fuera del país se les niega el derecho al voto). Sin embargo, las cifras oficiales del estado son peculiares. Según los estándares habituales de medición de desempleo, éste se ha movido en torno al 5% en los últimos diez años. Esta cifra, sin embargo, encubre un hecho fundamental. Según la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global -FIDEG- mientras en 1985 el sector informal proporcionaba el 52.1% de los empleos de la PEA ocupada, en 1998 ya constituía el 66.3% y para el año 2006 los empleos generados por este sector alcanzaban el 77.4%.
Este sector informal –también llamado desempleo encubierto o subempleo constituye entonces una masa enorme de la población en situación de trabajar en Nicaragua.
Como dijimos líneas arriba, la debacle económica en la que el FSLN sumió al pueblo nicaragüense, constituyó sin duda, la razón principal de su voluntad de cambio. En 1979 el PIB per cápita era de 385 dólares. Nueve años después, había descendido a 275 dólares. Hoy, en 2008, el PIB per cápita ha superado los 3000 dólares y, sin embargo, sigue siendo el más bajo de Centroamérica junto con el de Honduras. Nicaragua es en nuestros días el segundo país más pobre de América Latina, después de Haití.
Además, la Nicaragua “democrática” ha sido azotada constantemente por los casos de corrupción política. De un estado de imposición y sumisión anterior a 1990, se ha pasado en las dos décadas siguientes al mayor libertinaje político conocido. En lo que respecta al poder legislativo, es habitual ver la firma y promulgación de leyes que en nada afectan a la realidad inmediata del pueblo, con el fin único de privilegiar los intereses de particulares o de los mismos partidos políticos. La política se ha convertido entonces en una vía de enriquecimiento personal. Con el poder ejecutivo sucede algo parecido. Son numerosísimas las sentencias revisadas que demuestran que desde las cortes locales a la misma Corte Suprema de Justicia, jueces y tribunales han dictado sentencias desatendiendo a las normas más elementales del derecho, actuando por prebendas, intereses políticos y/ o económicos. Por no hablar de las consecuencias negativas que trae un poder judicial corrupto: el escenario propicio para una alta inseguridad de la gente en el espacio público, el tráfico ilegal de armas, la proliferación de empresas privadas de seguridad ilegales, etc. En el informe La democracia en América Latina del PNUD se señala que Centroamérica es la región del mundo con la mayor tasa de homicidios del mundo: 25 por cada cien mil habitantes. Según un estudio difundido este mismo año por la Red de Información Tecnológica Latinoamericana –RITLA- el índice de jóvenes entre 15 y 24 años asesinados en Nicaragua es del 16.6 por cada cien mil habitantes (el dato más espeluznante, sin embargo, es el de suicidio juvenil: Nicaragua encabeza la lista siendo el país de América Latina con mayor tasa de suicidio juvenil: 14.6 cada cien mil habitantes).
En Nicaragua, los escándalos de corrupción afectan a todos los miembros de la de la sociedad: magistrados, funcionarios del Estado, políticos y hasta a las misiones de observación internacionales.
Lo que conocemos como Índice de Desarrollo Humano, que agrupa los datos referidos a las categorías nivel de vida o PIB per cápita, nivel educacional y longevidad arroja la siguiente información: Nicaragua está en la posición 110 de los 154 países que son considerados por el último estudio anual (2007- 2008) del PNUD.
Si ni tan siquiera la confianza depositada por el ciudadano en las urnas ha sido considerada por un sistema corrupto que se mantiene firme a pesar de todo desacato y toda vejación al pueblo desfavorecido, cabe preguntarse entonces para qué ha servido la llegada de la democracia a Nicaragua. Más aún, cabe preguntarse si Nicaragua ha sido regida en las dos últimas décadas bajo un verdadero sistema democrático.
Si bien la última década del sandinismo en Nicaragua constituyó uno de los períodos más duros y difíciles en la historia de la nación, lo cierto es que los años siguientes, los de la democracia no han traído una situación mejor. A pesar de la desmovilización masiva de los grupos alzados en armas, a pesar de la posibilidad del sufragio cada cierto número de años, las cifras macroeconómicas, la tasa del desempleo, la inseguridad física, la corrupción, demuestran que no ha habido una verdadera transición democrática en Nicaragua y que en cualquier caso el concepto ha sido manipulado y devaluado hasta no satisfacer ninguno de los criterios que permiten la perfección democrática de una nación: el desarrollo, la justicia, la igualdad social, la variedad de oportunidades, la seguridad, la libertad y los derechos humanos. Hablar de democracia en Nicaragua cuando ninguno de sus principios básicos ha sido logrado es falaz.
Nicaragua es otra muestra más de que cuando en América Latina los Estados se autoproclaman demócratas desconocen el principio fundamental de la democracia: el otorgamiento del estatus de ciudadano a toda persona que pertenezca a ese territorio determinado y, por tanto, el consentimiento de unos derechos y unos deberes fundamentales a todos ellos. Lo que en las verdaderas democracias son derechos aquí son privilegios.
Citas textuales
[1] Véase Microsoft ® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
[2] Idem.
[3] Tomado del Blog de la periodista venezolana Martha Colmenares: http://www.marthacolmenares.com/2007/07/26/ultima-entrevista-de-anastasio-somoza-gobierno-mi-caida-mi-exilio/
[4] PNUD. “La democracia en América Latina”.
[5] VALENCIA, V. Hernando. Diccionario SPASA de derechos Humanos. Editorial SPASA, Madrid 2003
[6] Carta Abierta al presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, sobre Corrupción y violaciones a los derechos humanos en Nicaragua. Marzo de 1977
[7] Idem.
[8][8]Idem
[9] Idem
[10] MENDEZ, María. “Medio siglo de dictadura en Nicaragua”. Revista Nueva Sociedad No. 35pag. 84-89
BIBLIOGRAFÍA
AGUIRRE DANILO, Las instituciones democráticas en la historia de Nicaragua y de su clase política. 2004.
GONZÁLEZ MARRERO, Secundino. La transición a la democracia en Nicaragua. En Revista de Estudios Políticos (Nueva época), número 74, Octubre- Diciembre 1991, Madrid.
GUADALUPE ROMERO, Marta. Algunas reflexiones sobre la democracia en Nicaragua. En Revista Democracia, Número Marzo 2006, San Salvador, El Salvador.
MENDEZ, María. “Medio siglo de dictadura en Nicaragua”. Revista Nueva Sociedad No. 35, pag. 84-89, Nicaragua.
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD. La democracia en América Latina. 2ª edición. Buenos Aires: Alfaguara, 2004.
TABOADA TERÁN, Álvaro. Nicaragua: Procesos Políticos y Transición Democrática - Posibles Lecciones para el Futuro en Cuba. Institute for Cuban &Cuban- American Studies, University of Miami.
VALENCIA, V. Hernando. Diccionario SPASA de derechos Humanos. Editorial SPASA, Madrid 2003
BIBLIOGRAFÍA
AGUIRRE DANILO, Las instituciones democráticas en la historia de Nicaragua y de su clase política. 2004.
GONZÁLEZ MARRERO, Secundino. La transición a la democracia en Nicaragua. En Revista de Estudios Políticos (Nueva época), número 74, Octubre- Diciembre 1991, Madrid.
GUADALUPE ROMERO, Marta. Algunas reflexiones sobre la democracia en Nicaragua. En Revista Democracia, Número Marzo 2006, San Salvador, El Salvador.
MENDEZ, María. “Medio siglo de dictadura en Nicaragua”. Revista Nueva Sociedad No. 35, pag. 84-89, Nicaragua.
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD. La democracia en América Latina. 2ª edición. Buenos Aires: Alfaguara, 2004.
TABOADA TERÁN, Álvaro. Nicaragua: Procesos Políticos y Transición Democrática - Posibles Lecciones para el Futuro en Cuba. Institute for Cuban &Cuban- American Studies, University of Miami.
VALENCIA, V. Hernando. Diccionario SPASA de derechos Humanos. Editorial SPASA, Madrid 2003