lunes, 15 de junio de 2009

UNA APROXIMACIÓN AL PROBLEMA DE LA CEGUERA MORAL EN SARAMAGO A PARTIR DE LA RELACIÓN LITERATURA-FILOSOFÍA

Por: Fernando Ardila
A manera de introducción

En la configuración de los imaginarios colectivos es innegable el papel que juega la imagen y el sentido de la vista como intermediarios entre los imaginarios y el público. En la intervención del sentido de la vista sobre la imagen, cobran importancia los encuadres, enfoques, ángulos entre otros aspectos, pues a través del ojo y de la manera como se ve, se puede dar cuenta de estrategias de comunicación que contienen la firme intención de emitir un discurso, manipulando la imagen para favorecer tal o cual visión de determinado asunto o a ciertos candidatos, cuestión muy de moda en las lides políticas de nuestros países del trópico. Pero frente a ese abuso de la imagen, subyace la pregunta por la moralidad de tales actos de manipulación, toda vez que contribuyen a una banalización del discurso político y a una ceguera en la que el público, no logra distinguir la auténtica intención del emisor de un mensaje.

Es necesario partir de una pregunta que articule todo el problema de la construcción de la imagen y del papel del sentido de la vista, así que dentro de las muchas preguntas que puedan surgir, plantearé la siguiente: ¿qué es la moralidad pública y cuál es su reto en la construcción de una escala de valores que coadyuven y dinamicen la participación política de los pueblos, en el sentido de acercarnos más a la vivencia de una cultura de la democracia? Para crear un hilo conductor entablaré un diálogo con el autor portugués José Saramago a través de su libro titulado: “el ensayo sobre la ceguera”, buscando algún punto de relación entre la idea principal de tal obra y la teoría política de John Rawls, particularmente su postura en torno a la existencia de una posición original.

1. Acerca del ensayo sobre la ceguera. (Breve reseña)

Este libro publicado en 1995, muestra el panorama de un país imaginario que padece el rigor de una ceguera que lentamente, deja invidente a toda la sociedad. Desde el presidente hasta las fuerzas armadas, pasando por los grandes empresarios y por supuesto, la gente del común, van teniendo que “vérselas”con el llamado “mal blanco”,que cubre con una especie de tela blancuzca, los ojos de las personas.
En un principio, el gobierno asume el problema como un simple brote y decide encerrar a los primeros contagiados del extraño mal, en una especie de manicomio, a la espera de que se detenga la enfermedad, combatiendo la ceguera con aislamiento. En este lugar transcurre la convivencia de los primeros ciegos, que tienen que organizarse de la mejor manera posible para no pasar necesidades. Aflora la mezquindad y la envidia, haciendo carrera con el buen juicio y con la iniciativa para no perder lo poco que les queda en esa circunstancia: la dignidad.

2. Sobre la ceguera propiamente dicha

Ante la desgracia de la ceguera, sólo una persona no sucumbe y tendrá la fortuna - o la desgracia - de guiar al lector a través de la maraña oscura y densa de las relaciones humanas que traspasan el límite de lo admisible por una sociedad, digámoslo así, políticamente sana. En la obra, el gobierno raciona la comida y aísla a la horda de ciegos, forzando a que se instaure un nuevo estado de cosas, que termina, a corto plazo, por determinar el nuevo estado de la conciencia que se adapta y termina descubriendo que los antiguos valores occidentales de la libertad, la igualdad y la fraternidad son inútiles en una sociedad cuyo paradigma visual es negado de la noche a la mañana; y es que desde una lectura Saramaguiana a lo mejor se pueda afirmar que somos una sociedad cuya base comprensiva es netamente visual y si le quitamos lo visual, tangible, nos queda la oscuridad. ¿Qué es la oscuridad en el ensayo sobre la ceguera?
En las últimas páginas del libro se hace la siguiente afirmación: “creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven”.[1] En otro fragmento se puede leer: “para estos,- se refiere a los ciegos- la ceguera no era vivir banalmente rodeado de tinieblas, sino en el interior de una gloria luminosa”.[2]
Es necesario recordar que la ceguera se presenta por la ausencia de luz; sin embargo, la ceguera “saramaguiana” es una saturación de luz que crea en el ojo humano una especie de blancura resplandeciente, como el sol dentro de la tiniebla, afirma el autor por boca del narrador. Al parecer el tema de la oscuridad se asocia con el grado de saturación anormal del blanco, pero más allá del fenómeno óptico, quisiera especular un poco sobre el sentido metafórico de la ceguera, pues si bien es cierto, la oscuridad es ausencia de luz, en Saramago la oscuridad es precisamente lo contrario, una excesiva presencia de luz que deslumbra, encegueciendo.
Nuestra sociedad es visual por excelencia. La mayoría de percepciones de lo sensible las obtenemos por medio de la vista, de forma tal, que el ojo humano se convierte en un mediador de la realidad, en el mediador casi exclusivo de la realidad. Lugares, personas, situaciones, conversaciones, discursos, recuerdos, etc. transformados en imágenes mentales que, a su vez, constituyen el terreno habitado por la persona, por su “YO” más íntimo, que en diálogo con esas imágenes, interpreta y reinterpreta a cada instante la información aprehendida del medio.
La aprehensión es un acto volitivamente dirigido hacia el objeto, es decir, tiene una intencionalidad. Cuando, en un museo, me pongo frente a un cuadro y contemplo los trazos, el color y las formas hasta construir un contenido aproximado de lo que el autor quiere expresar, esa significación para mí o para otros, si la hago pública, es un acto intencionado. Incluso, si me paro frente a la misma pintura sin otra habitud que la contemplación, suspendiendo juicios, esa suspensión de juicios es un acto intencional y el ojo responderá a dicha intencionalidad en la manera en que se acerca al trazo, al color y a las formas. La vida cotidiana está llena de ejemplos.
José Ortega y Gasset, pensador español, nos habla de un “YO” provisto de circunstancialidad, lo cual, desde una lectura actual puede indicarnos que las circunstancias son también portadoras de significación. Un pensamiento puesto en contexto devela la complejidad de la intención, a la vez que una circunstancia puede constituir una intención, pues el ser humano se mueve en los límites del espacio, del tiempo y de las relaciones con otras personas y en ese entramado crea entornos significativos. Devolvamos la madeja. El entorno significativo surge de la aprehensión, que es un acto dirigido por la voluntad y que orienta el ojo hacia una realidad especifica, con una intención específica.
Pues bien, en el contexto de la sociedad de consumo, en el que casi toda la información es visual, resulta normal que el hombre se habitúe a pensar que casi todo lo ha visto. Esa sensibilidad para ver todo, en conjunto con un volumen desproporcionado de información, provocan una especie de bulimia visual que se describe como un fenómeno en el que el ojo, por estar sometido a la presión de la información constante, se satura. Ante esto, la conciencia reacciona relativizando parte del contenido de la información y es allí donde vemos, pero no analizamos o si lo hacemos, el análisis no motiva ningún tipo de acción. Lo que he dado en llamar “ceguera saramaguiana” es un tipo de ceguera moral que inició con una especie de desazón por la mentira de los políticos y que hizo metástasis en un serio problema de moralidad pública y de incredulidad ante la política, las instituciones, el Estado, etc.
Finalmente, parece que creímos ver tanto, que todo aquello que vimos con claridad, nos deslumbró, dejándonos ciegos moralmente para juzgar e intervenir en la vida política, igualmente, en la academia la luminosidad de las ideas, parece ser, nos ha dejado ciegos a la crítica y porque no, al pensamiento mismo.

3. Si no somos capaces de vivir enteramente como personas, hagamos lo posible para no vivir enteramente como animales”[3]


La “ceguera saramaguiana” es, como Saramago mismo afirma, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza. La utopía siempre se ha pensado como algo difícil, pero no imposible de alcanzar; en tal sentido, la utopía es la esperanza, aunque en la praxis, esa esperanza sea sólo la idea de vivir civilizadamente.
¿Vivir civilizadamente implica participar del orden político y aceptar las leyes? La sociedad que presenta el autor portugués es una pintura, que no una radiografía, de todos esos pequeños Macondos latinoamericanos. Todas las experiencias vividas por los ciegos durante la cuarentena en el manicomio, son el testimonio de la pequeña Macondo que se pudre en su propio desorden moral.
En la vida política, lo ciegos fueron sacados de la democracia para ser insertados en el autoritarismo y luego en la anarquía representada en la muerte del Estado (para los internos); entonces, el orden político fue roto y recompuesto. El autoritarismo se manifestó en la decisión del Estado de encerrar a los primeros ciegos en el manicomio, lo que se manifiesta como síntoma de una evidente intolerancia.

Por otra parte, el Estado promovió en los ciegos la ruptura de la noción de garantías sociales al hacinarlos sin servicios y casi sin alimentación, lo que como veremos más adelante, es una clara violación de lo que Jhon Rawls llama: posición original.
Hacer lo posible por no vivir enteramente como animales no es simplemente aceptar las leyes y participar electoralmente, es además, no renunciar a ser el eco moral, y a no perder la moralidad pública para que la acción política no sea inmoral.

Corolario

Jhon Rawls, filósofo político norteamericano, propone que la idea de justicia debe tener en cuenta una posición original que garantice que la sociedad está partiendo de un mismo punto para sancionar a aquellas personas que infrinjan la Ley, tomándolos como actores dentro de una sociedad pluralista y democrática. En tal orden de ideas, la posición original ha de ser la idea de bien común que tiene vigencia en todas las sociedades.
Amanera de corolario, presento las siguientes conclusiones:
· El Estado debe defender y garantizar que ese bien común de todas las personas se vea plasmado en calidad de vida, sin detrimento de las libertades individuales.
· La moralidad pública es una herramienta que coadyuva y dinamiza la vida social de los pueblos. Es función de la nación ejercer su papel de veedor de la gestión política, con miras cerrarle el paso a corrientes que puedan ir en contra del principio del bien común.
· La vista como sentido ayuda a construir la imagen de una sociedad y dicho sea de paso, a construir imaginarios, pero vista como sentido y punto de vista, son elementos que no pueden confundirse y más, en el plano de la política. La vista como sentido es el medio al servicio de la razón crítica. El punto de vista es el horizonte desde el cual, el individuo se acerca la realidad. Por qué no, es posible que exista una relación entre horizonte o punto de vista y bien común y que los medios de comunicación, como intermediarios deban replantearse nuevamente el “quehacer” de la vista como sentido.
[1] SARAMAGO, José. El ensayo bore la ceguera. Santillana ediciones. Madrid. 1995. Pág. 329.
[2] Ibíd. Pág. 97
[3] Ibíd. Pág. 123.